Si algo hemos aprendido de la crisis del COVID-19 en el mundo empresarial es que dotar a nuestras frágiles entidades y patrimonio de mecanismos que transfieran el máximo riesgo posible hacia la industria aseguradora es una decisión con una trascendencia que sólo ante el riesgo de perderlo todo se muestra nítida y cristalina, como el agua que baja pura y fría en el deshielo.
Quizá hayamos aprendido a ser corporaciones más humildes, a establecer una gestión más consecuente ante el riesgo al ver como el esfuerzo titánico de todas nuestras organizaciones durante años puede acabar repentinamente por fuerzas que se escapan a nuestro control. ¿ Hemos entendido el concepto de riesgo sistémico ? ¿Seguro?…piense que justo en este momento le golpea un ataque Cibernético y vuelva a hacerse la pregunta. El riesgo cibernético está considerado por multitud de Organismos Internacionales y Estados como uno de los mayores desafíos a los que nos exponemos como empresas y ciudadanos, no es cuestión de la redacción interesada de quien le escribe que se da por hecho, pero ni cuando sabemos a ciencia cierta por dónde nos va a impactar el próximo misil nos protegemos con la contundencia necesaria desde la iniciativa privada ¿Podremos culpar a China, la OMS, la Comunidad Internacional o a nuestro Gobierno e instituciones?¿Habrá estímulos económicos y serán suficientes? . Nuevamente bajo el propio interés y puede que el suyo, le puedo asegurar que a la fecha recibo más preguntas sobre cómo solucionar un ciberataque cuando ya ha ocurrido que como protegerse desde el lado asegurador frente a las consecuencias del mismo.
Honestamente ¿Cuál es nuestra máxima prioridad en la nítida profunda oscuridad de la noche? ¿Establecer el plan estratégico a 5 años vista? ¿Seguir creciendo en ventas a una tasa determinada? ¿ arañar unas décimas la rentabilidad ? ¿Mejorar mi posicionamiento online ? ¿Desplegar campañas de Mkting? ¿ Contratar personal clave de algún área concreta ?…. o salvar los muebles.
Estamos más cerca de pasar esta crisis sanitaria y económica de lo que pensamos, estamos más cerca de experimentar en toda su magnitud otros riesgos sistémicos de forma individualizada de lo que preveemos. Mi mayor preocupación empresarial está en riesgos que golpean de a uno a uno y se contabilizan silenciosamente con tasas de letalidad empresarial alarmantes, engordando las listas de procedimientos concursales que pueden usarse como estadística más fidedigna.
Nos deseo la misma clarividencia en la escala de prioridades empresariales cuando hayamos pasado este mal episodio, pues el avance por el avance sin ir guardando nuestros pasos y creando mecanismos sólidos de protección a la altura de nuestro crecimiento asemejará nuestro modelo de gestión a la efímera estela que dejan los pocos aviones que estos días sobrevuelan nuestras cabezas.
Nota del autor: Quizá también, desde la vocación de protección del que realiza su actividad, aprendamos a valorar a aquellos profesionales que muestren las capacidades necesarias para asesorar en mecanismos frente al riesgo en comparación a otros estilos de venta pura basados en el compromiso personal o la vinculación coercitiva salvo que cuando nuestras organizaciones se vean impactadas hayan mostrado la capacidad que se les exige especialmente en estos momentos.







